lunes, 13 de junio de 2011

LOS HOMBRES Y LOS VINOS

De Cicerón a Leonardo


Los hombres son como los vinos:

la edad agria los malos y mejora los buenos
                                                                            Marco Tulio Cicerón


Evidentemente, Marco Tulio Cicerón conocía muy bien a los vinos y a los hombres.

Quienes llevamos algunos años bebiendo vino sabemos que con el fruto de la vid ocurre exactamente eso.
El buen vino, guardado en un envase adecuado, con el paso del tiempo se añeja, se mejora, adquiere un sabor más profundo, más grato al paladar.

Por el contrario, los vinos malos, con el transcurrir de los años se agrian, se desmejoran, se avinagran, se convierten en algo que exige mucha voluntad para ser tolerado por el paladar. Hasta la garganta mejor predispuesta se resiste a tragarlos.
En consecuencia: conviene evitarlos.
Cuando se pican no hay retorno.
Es imposible volver atrás. Nada logrará mejorarlos.


Como bien observó Cicerón, con los hombres ocurre exactamente lo mismo.
Hay algunos que pueden ser “bebidos”, y hasta saboreados con placer, en algún momento de sus vidas.
Si son escritores, uno puede "convidar" con sus obras a los amigos y compartir la experiencia como quien degusta un vino de calidad.
Pero el transcurrir del tiempo los echa a perder inexorablemente.
Los “agria”, los “avinagra”.
Se tornan ásperos a la garganta y al espíritu.
Uno puede hacer un esfuerzo para no dejarlos a un lado., pero resulta inútil.
Cuando la acidez aflora es para siempre.

El vino que se “agria”, que se “avinagra”, no recuperará jamás el sabor que supo tener.
De igual modo, hay hombres que pueden haber sido talentosos alguna vez. Pero si el paso de los años los “avinagra”, se tornan irrecuperables


Es el caso, entre otros, del señor Vargas Llosa. Alguna vez, hace mucho, escribió cosas notables; después..."se picó"


¿Qué quedó de aquel autor de obras brillantes como “La ciudad y los perros”, “La tía Julia y el escribidor”, “Conversación en la Catedral”?

Nada.


Solo podemos encontrarnos con un vocero “agrio” de la más rancia minoría elitista, pretendidamente aristocrática, e hipócritamente “liberal-democrática”, que recorre el mundo enarbolando la copa avinagrada de su discurso antipopular.


Y allá va, pretendiendo derramar ese discurso sobre los públicos desprevenidos, tratando de hacer que se “traguen” el contenido de “su copa”


En los últimos tiempos lo hemos tenido entre nosotros.
Los que pretenden administrar siempre el vino que beben los Pueblos trataron de poner a su disposición las mejores copas, para hacer beber el agrio vinagre en el que se ha convertido su pensamiento a la mayor cantidad de bebedores desprevenidos, y a otros no tan desprevenidos.


Para tratar de entender las razones por las que algunos intelectuales sufren el mismo proceso de los malos vinos y el paso del tiempo los hace agrios, deberíamos recurrir a otro clásico: Leonardo De Vinci.

Leonardo no se dedicó a estudiar el paralelismo entre los hombres y los vinos, como hiciera Cicerón.


Pero estudió y desarrolló un concepto que revolucionó el arte, y que explica el proceso que sufren algunos hombres a lo largo de su vida.
Ese concepto, ignorado antes de Leonardo, es la PERSPECTIVA.

Un objeto, un grupo de objetos, puede ser visualizado de distinta manera según la posición del observador con respecto a él.

El mundo, las cosas, la realidad, admiten tantas miradas como posiciones pueda adoptar el observador con relación a ellas.


Y la imagen que percibe ese observador cambia de acuerdo a la posición en que se encuentra con respecto a las mismas.

Exactamente eso ocurre con la sociedad en la que vivimos.
Nuestra sociedad, como todas, puede ser observada desde abajo, desde el mismo nivel, es decir desde adentro, o desde arriba.


¿Quién puede dudar que la perspectiva haga variar la imagen que se percibe desde cada posición?

Una cosa es observar el contexto social desde el segmento más bajo del mismo, y otra hacerlo desde el nivel medio, desde dentro del tejido comunitario.

Y, seguramente, es muy diferente la visión que se tiene desde arriba, desde la cima de la pirámide social.


El ascenso de una posición relativamente baja a otra más elevada produce, inevitablemente, la modificación de la perspectiva con la que se observa el entorno, el mundo.

Allí comienza a verificarse la definición de Marco Tulio Cicerón:
“La edad agria a los malos hombres y mejora a los buenos”.


Y ello ocurre así porque el transcurrir del tiempo es una condición necesaria, aunque no suficiente, para que se produzca el cambio de la posición relativa dentro de la realidad social y,consecuentemente, la perspectiva con que miramos el mundo.

Ese cambio de posición hace que algunos hombres, los “malos” que se “agrian” según Cicerón, olviden la perspectiva que tenían cuando observaban la sociedad desde abajo, o desde el medio de la misma.

Otros, los que el filósofo helénico llama “los buenos”, recuerdan claramente la visión que tenían del mundo y de la vida, cuando miraban las cosas desde abajo.


Y eso los impulsa a comprometer su esfuerzo para que quienes aún permanecen allá, y ven la realidad social desde abajo, puedan cambiar esa posición relativa y logren “ingresar” y ver el tejido social desde adentro.
Y eso es lo que los “mejora”, los hace “buenos”, a diferencia de los olvidadizos, que son los que se “agrian”.


Este lamentable fenómeno se puede observar en casi todas las sociedades modernas.

Nuestra sociedad no escapa a ese fenómeno.
Es común atribuir comportamientos de este tipo a buena parte de la clase dirigente, tanto política como gremial y empresaria.

Cada uno puede buscar su propio ejemplo y, tal vez, lo encontrará con facilidad.

Pero el fenómeno no se limita a lo que conocemos como “clase dirigente”.
Como bien afirma Marco Tulio Cicerón, el proceso se da en EL HOMBRE.
En todas las categorías y en todas las actividades podemos hallar hombres a los que la edad los ha mejorado y otros a quienes el paso del tiempo los “agrió”.
Ponga los nombres cada uno.


Pero el mundo, aún, no está condenado.

En estos tiempos, en que algunos escritores premiados, y periodistas muy promocionados por los medios, derraman su discurso “agrio” sobre nosotros, también, afortunadamente, podemos encontrar otros que siguen esforzándose, cada día, por “mejorar” y mejorarnos a todos.


Nosotros decidimos de qué copa queremos tomar.

Elegir el “vino” que bebemos también nos hace libres.

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