En el saludo de Fin de año expresamos algunas ideas que son mucho más que un augurio formal dirigido a quienes recibieron el mensaje.
En el párrafo final manifestabamos:
“Que siempre estén con nosotros y en nosotros, la memoria, el amor, la sonrisa, el coraje.
Y si todo eso está con nosotros y en nosotros, también lo estará el futuro.
Porque con memoria, amor, sonrisa y coraje, habremos de construir NUESTRO FUTURO, EL FUTURO DE TODOS.
Para terminar:
Que sigamos siendo, o volvamos a ser, un poco pendejos. Que volvamos a creer que todo se puede mejorar y transformar si la peleamos todos, juntos.
Y que tengamos coraje para pelear con los amigos y los compañeros, cuando tengamos que discutir cuál es el camino o cuál es el momento.
Porque, después de pelear, cuando nos pongamos de acuerdo, habremos encontrado el camino y el momento para que TODOS consigamos TODO.”
-.-
Hoy quiero retomar ese mensaje y asociarlo con un artículo de la socióloga Norma Giarracca, que fuera publicado en el periódico Página 12 del pasado lunes 12 de marzo.
Y lo hago reafirmando aquello de “… que tengamos coraje para pelear con los amigos y los compañeros cuando tengamos que discutir cuál es el camino o cuál es el momento…”
Considero que la reflexión que propone la autora es clara: Siempre hay que discutir ideas, propuestas, políticas. Luego de analizar éstas, podremos discutir los hombres que las enuncian. Y tratar de comprender cuál es el grado de autenticidad de las ideas de cada uno.
Hace mucho tiempo Oscar Wilde sentenció que:
• El valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad del hombre que la expresa.
Creo que este postulado contra la hipocresía, está plenamente presente en el enfoque que propone Giarracca con respecto al debate iniciado sobre la megaminería.
No debemos caer en actitud emotiva de tomar partido por un sector u otro como en un torneo deportivo.
En esta discusión están comprometidos Recursos No-Renovables de nuestro país. Ya el General Perón advirtió hace muchos años que “los Pueblos de la región debíamos unirnos para defender nuestra soberanía sobre esos recursos frente a las grandes potencias económicas”. “Si no nos unimos- manifestó- se los van a llevar hasta por teléfono”.
Y, aunque parezca redundante, un comentario final:
Cuado hablamos de recursos “no-renovables” estamos hablando de bienes que se agotan cuando son extraídos.
Nadie ha logrado sembrar cobre, petróleo, oro o litio para que vuelvan a crecer como el trigo o el maíz.
Y cuando afirmamos que son necesarios para el “desarrollo”, prioricemos siempre Nuestro Desarrollo, el desarrollo de Nuestro País, de Nuestra Economía, de Nuestro Pueblo.
El debate minero y los peligros actuales
Por Norma Giarracca *
El debate acerca de la actividad minera ha llegado a un punto que, a nuestro juicio, conduce a dos situaciones peligrosas en relación con las interacciones necesarias para avanzar en la democratización de la sociedad y en ese contexto discutir la minería como parte del modelo extractivo. El movimiento contra las actividades extractivas necesita de terceros aliados que le permitan conseguir visibilidad, así como espacios de democratización institucional donde sus reclamos sean efectivizados. En la Argentina este movimiento social contiene distintas organizaciones con diferentes sujetos –campesinos, indígenas, poblaciones cordilleranas y patagónicas o aquellas que piden “paren de fumigar”– y mantiene diferentes tipos de relaciones con el Estado.
La principal disputa es con las corporaciones económicas transnacionales o inversores nacionales o extranjeros y, en tal sentido, el Estado en sus distintos niveles cumple papeles diferentes y, por tal razón, no hay un solo modo dentro del movimiento de relacionarse con él (pasa lo mismo en el resto de América latina).
Las asambleas de autoconvocados contra la megaminería han tenido desde su formación distintas posiciones en relación con el Estado pero siempre han buscado alianzas con terceros para dar a conocer los enfrentamientos o llegar a quienes demandan. Dentro de estos “terceros” últimamente apareció el Grupo Clarín, primero en Famatina y luego en Catamarca, donde propuso poner la resistencia en la mira nacional por su capacidad de llegar a todo el país. Es importante señalar que su llegada a Famatina (donde estuvimos) desató discusiones dentro de los pobladores en el corte y sus periodistas recibieron tantos aplausos como silbatinas en sus transmisiones.
Esta intervención, como era de esperar, tuvo consecuencias no deseadas: a partir de allí, y sobre todo de los sucesos represivos de Tinogasta, nuevamente el espacio sociopolítico comenzó a ser presentado de un modo binario; Clarín-Gobierno. El peligro que esta situación acarrea es que las organizaciones en resistencia y los “terceros comprometidos” queden atrapados en esta falsa disyuntiva por agradecimiento a un medio que los puso en imágenes y por la falta de diálogo con el Estado.
En el espacio progresista de esta sociedad existe la reiterada necesidad de una coherencia entre el pasado y el presente, porque lo que ocurrió de 1976 a 1983 es de tamaña magnitud que no puede borrarse de las biografías sociales o personales. Monsanto, la Barrick Gold, pero también Ledesma o el Grupo Clarín deben ser juzgados por el daño que hacen hoy y por lo que algunos de ellos significaron durante la dictadura. No pueden convertirse en aliados tácticos ni estratégicos de ningún movimiento social que se reivindique como tal, es decir con un mínimo sentido emancipador.
En síntesis, el primer peligro que visualizamos reside en que algunas de las organizaciones en resistencias o de los terceros comprometidos, crean que Clarín juega un papel “progresista” en estas resistencias porque otorga cámara u ofrece espacios de debates en sus medios, con toda la legitimidad que supone ocupar esos espacios; debe quedar claro que no es eso lo que está en discusión sino la caracterización del vínculo.
El segundo peligro que avizoramos tiene que ver con lo que está ocurriendo del lado de los actores del campo estatal y sus terceros aliados. Como la causa minera está apoyada por su enemigo central de los últimos años, están tentados a negarse a discriminar entre este hecho y el problema propiamente dicho y muchos “cierran filas” defendiendo la minería y desvalorizando a las poblaciones en resistencia con epítetos tales como “fundamentalistas”, “ignorantes”, “hacerle el juego a la derecha”. En las últimas semanas, comunicadores con largas y coherentes trayectorias progresistas se han enganchado en la ridícula discusión de si una minera usa o no cianuro o, peor aún, “invisibilizando” represiones o “patoterismo” empresarial, “para no hacerle el juego a la corpo”. Ni hablar de las posturas de “intelectuales” que aunque ignoran en profundidad lo que ocurre salen a levantar banderas empresariales más que estatales.
Debemos recordarles a todos ellos que la lucha contra las corporaciones mineras atraviesa el mundo y que no existen sujetos progresistas de ningún tinte en este siglo XXI que no critiquen sostenidamente a estas corporaciones por devastadoras, contaminantes y corruptas. Caer en la trampa del planteo “desarrollo vs. ecología” muestra la falta de actualización en la lectura de los ricos debates de América latina. Discusión que es dura y profunda en los países que sufren esta devastación “extractivista” en sus territorios, como por ejemplo Bolivia y Ecuador. Juan Perón, quien fue un pionero en estos debates, lo previó en 1972 y dejó un magnífico legado ambiental (que era mucho más que eso) “a los pueblos y gobiernos del mundo”.
Clarín, que acepta propaganda comercial de los mineros, que es socio del negocio sojero, y que fue cómplice activo de la ominosa dictadura, no es “un tercero” confiable para ningún movimiento social aunque saque a la luz lo que otros medios callan; por otro lado, perder la posibilidad de un debate en tensión (donde hay más de una posición) en el espacio oficial puede derivar en situaciones peligrosas para las poblaciones en resistencia y para una discusión seria acerca de la relación entre economía y política democratizadora en el país.
A nuestro juicio, perder la crítica y la discusión interna dentro de los espacios del Gobierno y sus aliados es tan alarmante como negar la historia de Clarín y convertirlo en un “tercero partícipe” de las luchas socioterritoriales.
* Socióloga. Instituto Gino Germani-UBA.
Cambio y Futuro en el aire - Martes de 20 a 22- Radio Gráfica
Voces de la comunicación popular en la FM 89.3- RADIO GRÁFICA-
miércoles 14 de marzo de 2012
miércoles 25 de enero de 2012
UN ADIOS A CLARIN DE UN EX "HOMBRE DE CLARIN"
Conocí a Armando Vidal allá por 1966.
En esos días, en Argentina, era derrocado otro Presidente constitucional. Un nuevo golpe militar interrumpía el mandato presidencial del doctor Arturo Illia y el general Onganía se hacía cargo del gobierno del país.
En 1966, tanto Armando como yo teníamos muchos menos inviernos en el cuerpo pero, seguramente, las mismas primaveras en el espíritu. Creo que ninguna se ha perdido en el camino.
Aquel año, yo ingresaba a la Escuela Superior de Periodismo, allá en la calle Moreno al 1900.
Armando, por su parte, terminaba el último año.
Pese a no cursar juntos, con frecuencia compartíamos las ruedas de café.
La excusa para reunirnos podía ser cualquiera. Pero el imán que atraía eran las “experiencias” de Armando y otro compañero de su promoción que entusiasmaban a quienes recién comenzábamos los estudios. Atraían especialmente a un par de compañeritas de mi grupo que, por su parte, eran el “imán” que atraía a los “veteranos”.
Armando ya era un tipo macanudo. Cordial, simpático, compartía sin alardear su mayor experiencia en los estudios. Se lo sentía auténtico, genuino.
Después de ese año dejé de verlo. Lo encontré, una y otra vez, desde lejos, a través de su actuación profesional.
Me alegró verlo crecer con coherencia, con seriedad, hasta convertirse en el “decano” de los periodistas parlamentarios.
Y festejé esa coherencia, esa honestidad profesional, que me ha hecho sentir siempre un gran respeto por él.
Lo sigo sintiendo auténtico, genuino, coincidiendo o no con él.
Hace un tiempo descubrí su blog “Congreso Abierto”
Recorriendo el mismo, encontré su nota “Te quiero, Clarín”.
En los últimos tiempos, la relación de ese medio se ha tornado muy conflictiva, no solo con el gobierno del país sino con toda la sociedad.
Armando Vidal trabajó más de 40 años en Clarín. Y cuando decidió despedirse lo hizo con este texto, que merece ser leído atentamente. Porque lo escribe alguien que trabajó muchos años en ese diario que creó Roberto Noble, hace mucho tiempo, tanto que algunos ya no lo recuerdan.Leyendo “Te quiero, Clarín” uno comprende cuánto ha perdido Armando y, seguramente, cuánto ha perdido el periodismo. Algunos prefieren ignorar lo que se perdió y se esfuerzan por justificar lo que hay.
Armando vuelve a ser genuino y le pone nombre a cada cosa.
Se podrá estar de acuerdo o no con él.
En lo personal yo disiento con la expresión "hijos de la debacle" del párrafo final.
Creo que Néstor y Cristina Kirchner son hijos de una larga historia de militantes comprometidos con la política. Son muchos años de esfuerzo y de lucha para pensar que son "hijos" o "emergentes" de una crisis.
Ha sido, precisamente, esa experiencia acumulada a lo largo de sus vidas, sumada a las convicciones y el compromiso íntimo de ambos con nuestra realidad lo que les ha permitido enfrentar y superar esa debacle.
Mas allá de esta diferencia, la lectura de “Te quiero, Clarín” no tiene desperdicio.
Los invito:
CONGRESO ABIERTO
LA PAGINA DE ARMANDO VIDAL
GRANDES DEBATES
LEY DE MEDIOS AUDIOVISUALES TE QUIERO CLARÍN
TE QUIERO CLARÍN
Sábado, 20 de Febrero de 2010 19:50
¿Es Magnetto a Noble lo que Menem fue a Perón? El autor de este artículo trasciende sus propios sentimientos por el diario Clarín, en el que trabajó más de cuatro décadas, para pensar en la Argentina pendiente y en la necesidad de tener a ese gran medio comprometido con la solución de los problemas del país y no pendiente de un holding con epicentro en Buenos Aires sólo atento a imprimir una visión porteña sobre el interior y a solazarse con el caño de Tinelli.
Por Armando Vidal
El 10 de octubre de 2009 llegué a mi lugar de trabajo cuando todavía no había amanecido. No sabía cómo había salido la votación en el Senado sobre la llamada ley de medios cuyo debate había seguido hasta que el sueño pudo más. Por primera vez ante una gran ley no estaba en el palco.
Después de más de 42 años hacía unos meses que ya no trabajaba en Clarín. Llegué a ese lugar –biblioteca, archivo, redacción y estudio, todo a la vez- y, como siempre, no encendí la radio, que suele perturbar mi humor, ni la computadora, que suele pasearme por un universo inesperado.
Tomé un libro y me puse a discurrir sobre el poder del Congreso como parte de mi última gran tarea: preparar un portal sobre vida y obra parlamentaria, con la inclusión de muchos materiales específicos previos a Internet guardados en diskettes que colman tres cajas de zapatos. Todo, especialmente pensado para los periodistas y, en particular, para los periodistas parlamentarios. Como amo a mi oficio, qué mejor que dejar ordenado este legado a compañeros que podrían ser mis hijos y a mis hijos que son mis compañeros.
¿Kirchner o Magnetto? ¿Quién ganó en esta pelea que estalló con la crisis del campo luego de una etapa de acuerdos entre ambos? Prolongué el misterio en esa mañana sin pájaros ni ruidos al eludir conocer la información de la cual, entendía, iba a depender en alguna medida el futuro inmediato.
Al rato, dejé en el aire la cabeza del rey Carlos I de Inglaterra (decapitado en 1649 por irrupción del poder parlamentario) y fui a clarín.com para saber qué había pasado en la Cámara donde la historia resguarda a las fuerzas conservadoras de la Patria.
He sido un leal trabajador de Clarín durante unas 15.500 horas y, a veces, esa larga relación hace que me surja su instalado nombre en alguna charla de fútbol cuando quiero hablar de mi club. Supongo que este tic también emana de la columna de mis afectos.
¿Qué es lo que quiero de Clarín? A mis compañeros de todos los tiempos y a mi historia con la gran mayoría de ellos. En primer lugar, a Osvaldo Bayer y Marcos Cytrynblum que me llevaron a esa Redacción y a quienes quiero por encima de eso. A Enrique Oliva (Francois Lepot) y Horacio Ramos, mi cumpa de la secundaria reencontrado en Clarín cuando todavía éramos muchachos. Y a ciertas guías que siempre tuve y tengo y que, como aquéllos, tampoco están en el diario: Teódulo Dominguez, Enrique Bugatti, Federico Bedrune, Carlos Eichelbaum, Daniel Muchnik, Carlos Quirós, Aarón Cytrynblum y Claudio Andrada, mi querido amigo de consulta de todos los días, que justo al año de la muerte del recordado Oscar Raúl Cardoso, murió en mis brazos (ver en buscar...).
Eludo, por comprensibles motivos, hablar de mis compañeros de los últimos años, que incluyen a los jefes de Redacción a quienes conozco desde el llano y veo todos los días meta espada con los Kirchner por las escaleras del poder. En nombre de todos y para todos me permito elegir a Menchi Sábat como portador de este imaginario abrazo lleno de emoción, con un agradecimiento especial para Daniel Santoro y Alejandra Gallo por la fiesta inesperada de despedida.
Tengo a Clarín clavado en el pecho y llevo en el alma sus recuerdos por el cálido Paco Urondo, el divertido Pedro Barraza, el puntilloso Luis Ganan y el flaco Ernesto Fossati, cuatro compañeros del diario de la larga nómina de periodistas desaparecidos y asesinados.
También por Jorge Larroca, Enrique Sdrech, Emilio Petcoff, Luis Alberto Murray, Luis Sciuto (Diego Lucero), Justo Piernes, el legendario Cubas (Cubitas), Carlos Nalé, Luis Soler Cañas, Myrtel Orloff, Horacio Estol, Manzanita Fernández, los hermanos Raskas, Raúl González Tuñon, León Bouché, Fermín Chávez, Selva Andrade, Tabaré de Paula, Jerónimo Jutronich, Napoleón Cabrera, Félix Luna, José Pepe de Thomas, Hellen Ferro, Miguel Angel Alcaide, Ariel Magallanes, Hamlet Lima Quinta, Julio Pérez Andrade, el Negro Quiroga, Horacio Tato, el Colorado Turbau, Jorge Gómez López, Pedro Uzquiza, Alberto Alonso, José María Casabal, Antonio Román, Carlos Marcelo Thiery y su hermano, el Vasco Juan Carlos Izaguirre, Carlos Aguirre, Jorge Göttling, Ricardo Marchetti (padre), Enrique Medeot, Ana Ale, Enrique Alonso, Marcial Gallina, Enrique Esteban y otros tantos queridos compañeros que injustamente olvido, todos parte de mi vida.
Hice una familia, planté un árbol, escribí un libro, salté de los caracteres de Gutenberg a los informáticos (aún conservo como reliquias mi Olivetti y el el primer sistema Edix, especial de Clarín en su momento) y pude volar sobre otros paisajes cada vez que tuve la necesidad de hacerlo. La última fue en 2003 cuando creí que ya estaba en edad a dar y fui como vicepresidente a Télam a ganar la mitad y a sufrir el doble hasta que volví con algunas ilusiones menos al palco de periodistas de Diputados.
“¡Material!” era el grito hace cuatro décadas y hasta comienzos de los noventa con el que el editor –nombre que entonces mucho no se usaba- requería al mensajero para darle la crónica o nota con sus carillas de 60 espacios y treinta y pico de líneas y el título en otra hoja que envolvía el contenido, todo lo cual el portador llevaba rápido al taller, que desde la inauguración del edificio de la calle Piedras, en 1960, estuvo –puerta vaivén por medio- en el otro extremo del segundo piso de la redacción donde se hallaba el reino de los compañeros gráficos. El mismo grito continuó cuando había que llevar esos papeles hasta la cajita de metal que los trasportaba hasta el piso inferior en los comienzos de la conversión del sistema que ya no tenía el calor del plomo derretido.
¿Olvidarlo? Difícil. Si hasta el mayor de mis hijos, que tantas veces había escuchado ese grito en sus correrías infantiles por la redacción, armó de muchacho un equipo de fútbol con el nombre ¡Material! que muchos confundían en los campeonatos con el equipo de un corralón.
En la Redacción descubrí a hombres que venían de Qué, la primera revista política con la que me identifiqué en mi vida, más allá de que fuera frondicista y hubiera estado con la privatización de la enseñanza universitaria en 1958 y yo un militante de la causa laica, cuyos partidarios, dicho sea de paso, fuimos tres veces más que los libres. Extraordinarias movilizaciones juveniles al Congreso jamás repetidas. Fue mi primera vez, mi primera visita al Congreso desde la calle y en medio de una multitud estimada entonces en 300 mil personas, la gran mayoría adolescentes. (Mi segunda visita la hice como policía conscripto, el 12 de octubre de 1963, como refuerzo de seguridad en el acto de asunción del presidente Arturo Illia).
Otro llamado que rebotaba fuerte en las paredes de la Redacción era... “!asambleaaaa!”. Grito acompañado con fuertes palmadas que arrancó a comienzo de los setenta y se mantuvo varios años en una empresa poco dispuesta a la organización de sus trabajadores. Yo había visto como con toda dignidad realizaba en la Redacción su tarea de delegado sindical un compañero de Corrección, que además trabajaba con Roberto Digón en las oficinas de una empresa tabacalera, en 1966, en tiempos en que Emilio Jáuregui, uno de sus trabajadores de esa sección, estaba detenido y a quien tres años después asesinarían.
Su cordialidad y sonrisa acompañaban a ese delegado que se llamaba Enrique Sdrech, quien años después volvería al diario, sería un destacado redactor de la sección Policiales y se ganaría un lugar también destacado en la televisión. La primera huelga de la historia de esa redacción provenía de antes, de cuando el secretario general del Sindicato de Prensa era Bayer, en los años de oro de Noble. Pero la huelga, que es el último recurso al que deben apelar los conductores gremiales, no es una palabra grata para la patronal y menos en Clarín. La política del miedo era la materia para evitar los movimientos sindicales de los periodistas, siempre diferentes de los que distinguieron a los gráficos, los obreros del mismo oficio, porque está sobrecargada de prejuicios ideológicos por ambas partes.
En el ’71, un grupo de reducido de activistas – palabra de la época-, entre los que sobresalía Horacio Verbistky, que acababa de llegar de La Opinión, comenzamos a buscar al piloto de ese conjunto; él proponía al Vasco Jorge Anitúa y yo al correntino Odín Fleitas, que ni enterado estaba, porque para mí debía ser alguien con años en el diario donde el gerente de apellido Cabezas parecía andar con una guadaña al hombro.
En aquella reunión en la sede de Av. de Mayo de la entonces Asociación de Periodistas de Buenos Aires surgió el nombre de Oscar Martínez Zemborain, que propuso Horacio, síntesis de la búsqueda que además tenía la peculiaridad de provenir del radicalismo por herencia paterna. Oscar había comenzado en la sección de Sociales, que hacía el matrimonio de los Morando Mazza, que se sentaban cerca de la siempre amable Cora Cané, la activa periodista de mayor antigüedad en Clarín porque ingresó en 1957, en lugar de su fallecido esposo Luis Cané y que hoy sigue sosteniendo el último rincón del diario de Noble que se llama Clarín Porteño. Divina Cora, ayer y hoy.
Quedó grabada en la memoria de esos periodistas que eran parte de una generación de lucha, poesía y muerte el momento en que la conducción gremial con Oscar a lfrente consiguió un aumento de sueldo que incluyó interceptar la salida de Héctor Magnetto, gerente del diario, cuando iba a subir a su auto y llevarlo a firmar el acuerdo. Fue en 1974, tiempos de intolerancia.
Con la muerte de Perón, el gobierno de Isabel, los conflictos y la huelga que pararía la salida del diario en el verano del '76 llegaron los despidos masivos, en los que no fui incluido. Desde hacía varios meses estaba de licencia especial radicado en Venezuela y si alguien me sacó de la lista, difícilmente haya sido del tercer piso, asiento del poder y que mucho tiempo después sin moverse de su lugar pasaría a ser el cuarto en el edificio sin pulmón de manzana de la calle Piedras.
La mala disposición de la empresa con sus trabajadores de prensa volvería a manifestarse poco antes del retorno de la democracia e, incluso, a poco de su comienzo como reflejó el caso del delegado Pablo Llonto, respetado compañero, abogado, echado y no reincorporado pese a fallos judiciales en primera y segunda instancia. La empresa prefería pagar multas, un proceso que duraría años y que después sería revertido con un fallo de la Corte. Mientras, los compañeros continuaban eligiéndolo a Pablo, que a su vez seguía en la puerta.
En esa vida, mi vida en Clarín, donde el Congreso fue para mí como una embajada, todos los días intenté brindar mi aporte contra la resignación de muchos y los negociados de pocos, creciente realidad en la que nos íbamos sumiendo los argentinos, mientras crecían la información selectiva y la estupidización colectiva alentada por los medios audiovisuales, incluyendo esa ala que hace veinte años se desprendió de Clarín y comenzó a volar sola.
Si el pensamiento desarrollista de Roberto J. Noble, el ex diputado socialista y conservador de los años del fraude, hubiera gravitado sobre el Grupo y no el Grupo sobre la obra de Noble, quizás otra hubiera sido mi reacción al conocer el resultado de la votación porque, al margen de las críticas que pueden hacérsele, Noble nunca se resignó ante la realidad como quiso dejar en claro en su olvidado libro Satelismo contra Soberanía.
Perdió el holding -si es que perdió- pero ¿perdió también mi viejo Clarín Hablo del diario de los corresponsales y agencias en cada capital provincial y el de los corresponsales honorarios de cada pueblito designados desde la misma sección Interior (cinco páginas por lo menos todos los días) cuya tarea de elegirlos me tocó hacer en algunas provincias, antes de pasar a la sección Política, en 1971.
Aquél diario no era una mirada porteña sobre la Argentina toda; era un diario que aspiraba a reflejar a la Argentina desde cada punto del país, a diferencia del actual. Realmente impresiona mal y duele descubrir que lo que uno escribió para Clarín de Buenos Aires haya aparecido, además, en diarios del interior, que pasaron a propiedad del holding, con la mentirosa mención de que se trataba de un artículo especial para ese medio. Falso: yo escribí exclusivamente para Clarín. Y humillante para periodistas de esas regiones puesto que deben ser ellos los que miren y analicen los hechos nacionales desde sus propios lugares.
El desenlace en el Senado en torno de la ley de medios audiovisuales ha sido sólo un impacto al holding nacido en el amanecer del gobierno de Carlos Menem de la mano de su creador, Magnetto, hombre inteligente y batallador, que primero (1982) echó a los desarrollistas que trabajaban en Clarín y después a sus ideas cuando en 1990 tomó el pleno control de la Redacción y profundizó la construcción de lo que luego se llamaría Grupo Clarín.
Tamaña dimensión de sus alcances sólo para manejar con sentido comercial aquello que podría resumir como muestra el caño de Tinelli supera incluso la dimensión de la idea de que un gran medio es un socio inescrupuloso del poder, según viejas palabras de Noam Chomsky.
En un país que está todo por hacerse –añeja expresión que sintetiza el fracaso por lo realizado- Clarín, poderoso Clarín, no puede dejar de ser el diario que pensó Noble. No podría olvidarse que el cometido es una tarea colectiva y que por derecho propio tiene asignado un lugar estratégico en esa brega. Si Magnetto es a Noble, fundador de Clarín, lo que Menem a Perón, fundador del peronismo, no debería extrañar cómo recibí la noticia de la votación en el Senado, momento a partir del cual comencé a escribir estas líneas.
Creo en una Argentina soberana, democrática, justa y desarrollada con la potencialidad de todas sus fuerzas y recursos, asumiendo todo su pasado. Y creo también que ello no será posible si el cambio no comienza desde la propia elite de toda su clase dirigente, incluyendo, obviamente, a los dueños de ese negocio garantizado por la Constitución que se conoce como prensa.
Por eso y para eso quiero a Clarín, un toque de atención para la solución argentina de los problemas argentinos y no que sean los argentinos los que solucionen los problemas del holding.
Los Kirchner, hijos de la debacle, pasarán; Clarín, no. ¿ Pero cuál Clarín ? ¿El de sus raíces en el ´45, año de su fundación, el diario de ideas que impulse al Grupo a asumir la tarea pendiente que demanda la Argentina? ¿O el del holding de las distracciones de los '90?
Soberanía o satelismo.
Actualizado (Lunes, 23 de Enero de 2012 06:25)
http://armandovidal.com/administracion/index.php?option=com_content&view=article&id=530:te-quiero-clarin&catid=86:ley-de-medios-audiovisuales&Itemid=61
En esos días, en Argentina, era derrocado otro Presidente constitucional. Un nuevo golpe militar interrumpía el mandato presidencial del doctor Arturo Illia y el general Onganía se hacía cargo del gobierno del país.
En 1966, tanto Armando como yo teníamos muchos menos inviernos en el cuerpo pero, seguramente, las mismas primaveras en el espíritu. Creo que ninguna se ha perdido en el camino.
Aquel año, yo ingresaba a la Escuela Superior de Periodismo, allá en la calle Moreno al 1900.
Armando, por su parte, terminaba el último año.
Pese a no cursar juntos, con frecuencia compartíamos las ruedas de café.
La excusa para reunirnos podía ser cualquiera. Pero el imán que atraía eran las “experiencias” de Armando y otro compañero de su promoción que entusiasmaban a quienes recién comenzábamos los estudios. Atraían especialmente a un par de compañeritas de mi grupo que, por su parte, eran el “imán” que atraía a los “veteranos”.
Armando ya era un tipo macanudo. Cordial, simpático, compartía sin alardear su mayor experiencia en los estudios. Se lo sentía auténtico, genuino.
Después de ese año dejé de verlo. Lo encontré, una y otra vez, desde lejos, a través de su actuación profesional.
Me alegró verlo crecer con coherencia, con seriedad, hasta convertirse en el “decano” de los periodistas parlamentarios.
Y festejé esa coherencia, esa honestidad profesional, que me ha hecho sentir siempre un gran respeto por él.
Lo sigo sintiendo auténtico, genuino, coincidiendo o no con él.
Hace un tiempo descubrí su blog “Congreso Abierto”
Recorriendo el mismo, encontré su nota “Te quiero, Clarín”.
En los últimos tiempos, la relación de ese medio se ha tornado muy conflictiva, no solo con el gobierno del país sino con toda la sociedad.
Armando Vidal trabajó más de 40 años en Clarín. Y cuando decidió despedirse lo hizo con este texto, que merece ser leído atentamente. Porque lo escribe alguien que trabajó muchos años en ese diario que creó Roberto Noble, hace mucho tiempo, tanto que algunos ya no lo recuerdan.Leyendo “Te quiero, Clarín” uno comprende cuánto ha perdido Armando y, seguramente, cuánto ha perdido el periodismo. Algunos prefieren ignorar lo que se perdió y se esfuerzan por justificar lo que hay.
Armando vuelve a ser genuino y le pone nombre a cada cosa.
Se podrá estar de acuerdo o no con él.
En lo personal yo disiento con la expresión "hijos de la debacle" del párrafo final.
Creo que Néstor y Cristina Kirchner son hijos de una larga historia de militantes comprometidos con la política. Son muchos años de esfuerzo y de lucha para pensar que son "hijos" o "emergentes" de una crisis.
Ha sido, precisamente, esa experiencia acumulada a lo largo de sus vidas, sumada a las convicciones y el compromiso íntimo de ambos con nuestra realidad lo que les ha permitido enfrentar y superar esa debacle.
Mas allá de esta diferencia, la lectura de “Te quiero, Clarín” no tiene desperdicio.
Los invito:
CONGRESO ABIERTO
LA PAGINA DE ARMANDO VIDAL
GRANDES DEBATES
LEY DE MEDIOS AUDIOVISUALES TE QUIERO CLARÍN
TE QUIERO CLARÍN
Sábado, 20 de Febrero de 2010 19:50
¿Es Magnetto a Noble lo que Menem fue a Perón? El autor de este artículo trasciende sus propios sentimientos por el diario Clarín, en el que trabajó más de cuatro décadas, para pensar en la Argentina pendiente y en la necesidad de tener a ese gran medio comprometido con la solución de los problemas del país y no pendiente de un holding con epicentro en Buenos Aires sólo atento a imprimir una visión porteña sobre el interior y a solazarse con el caño de Tinelli.
Por Armando Vidal
El 10 de octubre de 2009 llegué a mi lugar de trabajo cuando todavía no había amanecido. No sabía cómo había salido la votación en el Senado sobre la llamada ley de medios cuyo debate había seguido hasta que el sueño pudo más. Por primera vez ante una gran ley no estaba en el palco.
Después de más de 42 años hacía unos meses que ya no trabajaba en Clarín. Llegué a ese lugar –biblioteca, archivo, redacción y estudio, todo a la vez- y, como siempre, no encendí la radio, que suele perturbar mi humor, ni la computadora, que suele pasearme por un universo inesperado.
Tomé un libro y me puse a discurrir sobre el poder del Congreso como parte de mi última gran tarea: preparar un portal sobre vida y obra parlamentaria, con la inclusión de muchos materiales específicos previos a Internet guardados en diskettes que colman tres cajas de zapatos. Todo, especialmente pensado para los periodistas y, en particular, para los periodistas parlamentarios. Como amo a mi oficio, qué mejor que dejar ordenado este legado a compañeros que podrían ser mis hijos y a mis hijos que son mis compañeros.
¿Kirchner o Magnetto? ¿Quién ganó en esta pelea que estalló con la crisis del campo luego de una etapa de acuerdos entre ambos? Prolongué el misterio en esa mañana sin pájaros ni ruidos al eludir conocer la información de la cual, entendía, iba a depender en alguna medida el futuro inmediato.
Al rato, dejé en el aire la cabeza del rey Carlos I de Inglaterra (decapitado en 1649 por irrupción del poder parlamentario) y fui a clarín.com para saber qué había pasado en la Cámara donde la historia resguarda a las fuerzas conservadoras de la Patria.
He sido un leal trabajador de Clarín durante unas 15.500 horas y, a veces, esa larga relación hace que me surja su instalado nombre en alguna charla de fútbol cuando quiero hablar de mi club. Supongo que este tic también emana de la columna de mis afectos.
¿Qué es lo que quiero de Clarín? A mis compañeros de todos los tiempos y a mi historia con la gran mayoría de ellos. En primer lugar, a Osvaldo Bayer y Marcos Cytrynblum que me llevaron a esa Redacción y a quienes quiero por encima de eso. A Enrique Oliva (Francois Lepot) y Horacio Ramos, mi cumpa de la secundaria reencontrado en Clarín cuando todavía éramos muchachos. Y a ciertas guías que siempre tuve y tengo y que, como aquéllos, tampoco están en el diario: Teódulo Dominguez, Enrique Bugatti, Federico Bedrune, Carlos Eichelbaum, Daniel Muchnik, Carlos Quirós, Aarón Cytrynblum y Claudio Andrada, mi querido amigo de consulta de todos los días, que justo al año de la muerte del recordado Oscar Raúl Cardoso, murió en mis brazos (ver en buscar...).
Eludo, por comprensibles motivos, hablar de mis compañeros de los últimos años, que incluyen a los jefes de Redacción a quienes conozco desde el llano y veo todos los días meta espada con los Kirchner por las escaleras del poder. En nombre de todos y para todos me permito elegir a Menchi Sábat como portador de este imaginario abrazo lleno de emoción, con un agradecimiento especial para Daniel Santoro y Alejandra Gallo por la fiesta inesperada de despedida.
Tengo a Clarín clavado en el pecho y llevo en el alma sus recuerdos por el cálido Paco Urondo, el divertido Pedro Barraza, el puntilloso Luis Ganan y el flaco Ernesto Fossati, cuatro compañeros del diario de la larga nómina de periodistas desaparecidos y asesinados.
También por Jorge Larroca, Enrique Sdrech, Emilio Petcoff, Luis Alberto Murray, Luis Sciuto (Diego Lucero), Justo Piernes, el legendario Cubas (Cubitas), Carlos Nalé, Luis Soler Cañas, Myrtel Orloff, Horacio Estol, Manzanita Fernández, los hermanos Raskas, Raúl González Tuñon, León Bouché, Fermín Chávez, Selva Andrade, Tabaré de Paula, Jerónimo Jutronich, Napoleón Cabrera, Félix Luna, José Pepe de Thomas, Hellen Ferro, Miguel Angel Alcaide, Ariel Magallanes, Hamlet Lima Quinta, Julio Pérez Andrade, el Negro Quiroga, Horacio Tato, el Colorado Turbau, Jorge Gómez López, Pedro Uzquiza, Alberto Alonso, José María Casabal, Antonio Román, Carlos Marcelo Thiery y su hermano, el Vasco Juan Carlos Izaguirre, Carlos Aguirre, Jorge Göttling, Ricardo Marchetti (padre), Enrique Medeot, Ana Ale, Enrique Alonso, Marcial Gallina, Enrique Esteban y otros tantos queridos compañeros que injustamente olvido, todos parte de mi vida.
Hice una familia, planté un árbol, escribí un libro, salté de los caracteres de Gutenberg a los informáticos (aún conservo como reliquias mi Olivetti y el el primer sistema Edix, especial de Clarín en su momento) y pude volar sobre otros paisajes cada vez que tuve la necesidad de hacerlo. La última fue en 2003 cuando creí que ya estaba en edad a dar y fui como vicepresidente a Télam a ganar la mitad y a sufrir el doble hasta que volví con algunas ilusiones menos al palco de periodistas de Diputados.
“¡Material!” era el grito hace cuatro décadas y hasta comienzos de los noventa con el que el editor –nombre que entonces mucho no se usaba- requería al mensajero para darle la crónica o nota con sus carillas de 60 espacios y treinta y pico de líneas y el título en otra hoja que envolvía el contenido, todo lo cual el portador llevaba rápido al taller, que desde la inauguración del edificio de la calle Piedras, en 1960, estuvo –puerta vaivén por medio- en el otro extremo del segundo piso de la redacción donde se hallaba el reino de los compañeros gráficos. El mismo grito continuó cuando había que llevar esos papeles hasta la cajita de metal que los trasportaba hasta el piso inferior en los comienzos de la conversión del sistema que ya no tenía el calor del plomo derretido.
¿Olvidarlo? Difícil. Si hasta el mayor de mis hijos, que tantas veces había escuchado ese grito en sus correrías infantiles por la redacción, armó de muchacho un equipo de fútbol con el nombre ¡Material! que muchos confundían en los campeonatos con el equipo de un corralón.
En la Redacción descubrí a hombres que venían de Qué, la primera revista política con la que me identifiqué en mi vida, más allá de que fuera frondicista y hubiera estado con la privatización de la enseñanza universitaria en 1958 y yo un militante de la causa laica, cuyos partidarios, dicho sea de paso, fuimos tres veces más que los libres. Extraordinarias movilizaciones juveniles al Congreso jamás repetidas. Fue mi primera vez, mi primera visita al Congreso desde la calle y en medio de una multitud estimada entonces en 300 mil personas, la gran mayoría adolescentes. (Mi segunda visita la hice como policía conscripto, el 12 de octubre de 1963, como refuerzo de seguridad en el acto de asunción del presidente Arturo Illia).
Otro llamado que rebotaba fuerte en las paredes de la Redacción era... “!asambleaaaa!”. Grito acompañado con fuertes palmadas que arrancó a comienzo de los setenta y se mantuvo varios años en una empresa poco dispuesta a la organización de sus trabajadores. Yo había visto como con toda dignidad realizaba en la Redacción su tarea de delegado sindical un compañero de Corrección, que además trabajaba con Roberto Digón en las oficinas de una empresa tabacalera, en 1966, en tiempos en que Emilio Jáuregui, uno de sus trabajadores de esa sección, estaba detenido y a quien tres años después asesinarían.
Su cordialidad y sonrisa acompañaban a ese delegado que se llamaba Enrique Sdrech, quien años después volvería al diario, sería un destacado redactor de la sección Policiales y se ganaría un lugar también destacado en la televisión. La primera huelga de la historia de esa redacción provenía de antes, de cuando el secretario general del Sindicato de Prensa era Bayer, en los años de oro de Noble. Pero la huelga, que es el último recurso al que deben apelar los conductores gremiales, no es una palabra grata para la patronal y menos en Clarín. La política del miedo era la materia para evitar los movimientos sindicales de los periodistas, siempre diferentes de los que distinguieron a los gráficos, los obreros del mismo oficio, porque está sobrecargada de prejuicios ideológicos por ambas partes.
En el ’71, un grupo de reducido de activistas – palabra de la época-, entre los que sobresalía Horacio Verbistky, que acababa de llegar de La Opinión, comenzamos a buscar al piloto de ese conjunto; él proponía al Vasco Jorge Anitúa y yo al correntino Odín Fleitas, que ni enterado estaba, porque para mí debía ser alguien con años en el diario donde el gerente de apellido Cabezas parecía andar con una guadaña al hombro.
En aquella reunión en la sede de Av. de Mayo de la entonces Asociación de Periodistas de Buenos Aires surgió el nombre de Oscar Martínez Zemborain, que propuso Horacio, síntesis de la búsqueda que además tenía la peculiaridad de provenir del radicalismo por herencia paterna. Oscar había comenzado en la sección de Sociales, que hacía el matrimonio de los Morando Mazza, que se sentaban cerca de la siempre amable Cora Cané, la activa periodista de mayor antigüedad en Clarín porque ingresó en 1957, en lugar de su fallecido esposo Luis Cané y que hoy sigue sosteniendo el último rincón del diario de Noble que se llama Clarín Porteño. Divina Cora, ayer y hoy.
Quedó grabada en la memoria de esos periodistas que eran parte de una generación de lucha, poesía y muerte el momento en que la conducción gremial con Oscar a lfrente consiguió un aumento de sueldo que incluyó interceptar la salida de Héctor Magnetto, gerente del diario, cuando iba a subir a su auto y llevarlo a firmar el acuerdo. Fue en 1974, tiempos de intolerancia.
Con la muerte de Perón, el gobierno de Isabel, los conflictos y la huelga que pararía la salida del diario en el verano del '76 llegaron los despidos masivos, en los que no fui incluido. Desde hacía varios meses estaba de licencia especial radicado en Venezuela y si alguien me sacó de la lista, difícilmente haya sido del tercer piso, asiento del poder y que mucho tiempo después sin moverse de su lugar pasaría a ser el cuarto en el edificio sin pulmón de manzana de la calle Piedras.
La mala disposición de la empresa con sus trabajadores de prensa volvería a manifestarse poco antes del retorno de la democracia e, incluso, a poco de su comienzo como reflejó el caso del delegado Pablo Llonto, respetado compañero, abogado, echado y no reincorporado pese a fallos judiciales en primera y segunda instancia. La empresa prefería pagar multas, un proceso que duraría años y que después sería revertido con un fallo de la Corte. Mientras, los compañeros continuaban eligiéndolo a Pablo, que a su vez seguía en la puerta.
En esa vida, mi vida en Clarín, donde el Congreso fue para mí como una embajada, todos los días intenté brindar mi aporte contra la resignación de muchos y los negociados de pocos, creciente realidad en la que nos íbamos sumiendo los argentinos, mientras crecían la información selectiva y la estupidización colectiva alentada por los medios audiovisuales, incluyendo esa ala que hace veinte años se desprendió de Clarín y comenzó a volar sola.
Si el pensamiento desarrollista de Roberto J. Noble, el ex diputado socialista y conservador de los años del fraude, hubiera gravitado sobre el Grupo y no el Grupo sobre la obra de Noble, quizás otra hubiera sido mi reacción al conocer el resultado de la votación porque, al margen de las críticas que pueden hacérsele, Noble nunca se resignó ante la realidad como quiso dejar en claro en su olvidado libro Satelismo contra Soberanía.
Perdió el holding -si es que perdió- pero ¿perdió también mi viejo Clarín Hablo del diario de los corresponsales y agencias en cada capital provincial y el de los corresponsales honorarios de cada pueblito designados desde la misma sección Interior (cinco páginas por lo menos todos los días) cuya tarea de elegirlos me tocó hacer en algunas provincias, antes de pasar a la sección Política, en 1971.
Aquél diario no era una mirada porteña sobre la Argentina toda; era un diario que aspiraba a reflejar a la Argentina desde cada punto del país, a diferencia del actual. Realmente impresiona mal y duele descubrir que lo que uno escribió para Clarín de Buenos Aires haya aparecido, además, en diarios del interior, que pasaron a propiedad del holding, con la mentirosa mención de que se trataba de un artículo especial para ese medio. Falso: yo escribí exclusivamente para Clarín. Y humillante para periodistas de esas regiones puesto que deben ser ellos los que miren y analicen los hechos nacionales desde sus propios lugares.
El desenlace en el Senado en torno de la ley de medios audiovisuales ha sido sólo un impacto al holding nacido en el amanecer del gobierno de Carlos Menem de la mano de su creador, Magnetto, hombre inteligente y batallador, que primero (1982) echó a los desarrollistas que trabajaban en Clarín y después a sus ideas cuando en 1990 tomó el pleno control de la Redacción y profundizó la construcción de lo que luego se llamaría Grupo Clarín.
Tamaña dimensión de sus alcances sólo para manejar con sentido comercial aquello que podría resumir como muestra el caño de Tinelli supera incluso la dimensión de la idea de que un gran medio es un socio inescrupuloso del poder, según viejas palabras de Noam Chomsky.
En un país que está todo por hacerse –añeja expresión que sintetiza el fracaso por lo realizado- Clarín, poderoso Clarín, no puede dejar de ser el diario que pensó Noble. No podría olvidarse que el cometido es una tarea colectiva y que por derecho propio tiene asignado un lugar estratégico en esa brega. Si Magnetto es a Noble, fundador de Clarín, lo que Menem a Perón, fundador del peronismo, no debería extrañar cómo recibí la noticia de la votación en el Senado, momento a partir del cual comencé a escribir estas líneas.
Creo en una Argentina soberana, democrática, justa y desarrollada con la potencialidad de todas sus fuerzas y recursos, asumiendo todo su pasado. Y creo también que ello no será posible si el cambio no comienza desde la propia elite de toda su clase dirigente, incluyendo, obviamente, a los dueños de ese negocio garantizado por la Constitución que se conoce como prensa.
Por eso y para eso quiero a Clarín, un toque de atención para la solución argentina de los problemas argentinos y no que sean los argentinos los que solucionen los problemas del holding.
Los Kirchner, hijos de la debacle, pasarán; Clarín, no. ¿ Pero cuál Clarín ? ¿El de sus raíces en el ´45, año de su fundación, el diario de ideas que impulse al Grupo a asumir la tarea pendiente que demanda la Argentina? ¿O el del holding de las distracciones de los '90?
Soberanía o satelismo.
Actualizado (Lunes, 23 de Enero de 2012 06:25)
http://armandovidal.com/administracion/index.php?option=com_content&view=article&id=530:te-quiero-clarin&catid=86:ley-de-medios-audiovisuales&Itemid=61
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Gerardo Abbruzzese
sábado 7 de enero de 2012
DIFERENCIAS GENERACIONALES
Algo más que humor!!!
"Usted creció en un mundo diferente, realmente casi Primitivo", dijo en voz lo suficientemente alta para que lo escucharan alrededor. "Los jóvenes de hoy crecimos con televisión, Internet, teléfonos celulares, aviones jet, viajes al espacio. Nuestras sondas espaciales han visitado Marte. Tenemos naves con energía nuclear y autos eléctricos y de hidrógeno. Computadoras con procesos de velocidad de la luz… y muchas cosas más".
Luego de un breve silencio el Señor Mayor respondió diciendo:
"Tienes razón, Hijo Mío; nosotros no tuvimos esas cosas cuando éramos Jóvenes... ¡Por eso las Inventamos!!!!!!!!!!!!
Ahora, dime Arrogante Pendejo, ¿Qué estás haciendo TÚ para la Próxima Generación?”
¡El Aplauso fue Atronador!
Durante una conferencia sobre las grandes diferencias entre generaciones, un Presumido Estudiante se tomó la molestia de explicarle a un Señor Mayor sentado a la par de él, el por qué le es imposible a la Vieja Generación comprender a su Generación:
"Usted creció en un mundo diferente, realmente casi Primitivo", dijo en voz lo suficientemente alta para que lo escucharan alrededor. "Los jóvenes de hoy crecimos con televisión, Internet, teléfonos celulares, aviones jet, viajes al espacio. Nuestras sondas espaciales han visitado Marte. Tenemos naves con energía nuclear y autos eléctricos y de hidrógeno. Computadoras con procesos de velocidad de la luz… y muchas cosas más".
Luego de un breve silencio el Señor Mayor respondió diciendo:
"Tienes razón, Hijo Mío; nosotros no tuvimos esas cosas cuando éramos Jóvenes... ¡Por eso las Inventamos!!!!!!!!!!!!
Ahora, dime Arrogante Pendejo, ¿Qué estás haciendo TÚ para la Próxima Generación?”
¡El Aplauso fue Atronador!
jueves 22 de diciembre de 2011
TARJETA
Queridos compañeros y amigos:
Hemos recibido un afectuoso saludo del querido Santiago Varela, aquel inefable libretista autor de inolvidables monólogos del recordado Tato Bores.
Queremos compartirlo con todos ustedes.
Y queremos compartir nuestra agradecida respuesta a Santiago, que hacemos extensiva a todos los amigos de este blog.

Hemos recibido un afectuoso saludo del querido Santiago Varela, aquel inefable libretista autor de inolvidables monólogos del recordado Tato Bores.
Queremos compartirlo con todos ustedes.
Y queremos compartir nuestra agradecida respuesta a Santiago, que hacemos extensiva a todos los amigos de este blog.

A mis parientes, amigos, compañeros, clientes y favorecedores
A todos les deseo que tengan un 2012 brillante.
Que sus cosas de bien, pasen a mejores. Y si andan más o menos, que también lleguen a espléndidas. ¡Pidamos todo!
Que el fin del mundo anunciado por los mayas no les haga mella. Ya hemos pasado por otros.
Que este año, algún día, puedan viajar sentados en el subte o en los bondis.
Y si tienen coche, que alguna vez puedan encontrar un lugar donde estacionar o, de última, que no le arranquen la cabeza en el garaje.
Que la ciudad no nos vuelva más locos de lo que ya estamos.
Que dejen de demoler para construir. Queremos conservar algunas cosas de nuestra historia y ver si arriba todavía hay un cielo.
Que la economía alguna vez esté a nuestro servicio
y que los culpables de las crisis alguna vez garpen algo.
Y ya que estamos que algún día sepamos los nombres de estos tipos. Ya lo dije antes, ¡pidamos todo!
Que este año haya más medios, más periodistas, más información, más cosas para pensar y tomar decisiones.
Que la autocensura no nos muerda la mano. Para eso están otros.
Que la memoria esté siempre junto a nosotros.
Que el amor esté siempre junto a nosotros.
Que la sonrisa esté siempre junto a nosotros
Que el futuro esté siempre junto a nosotros
No tengamos miedo de ser un poco militantes, un poco pendejos, un poco cursis.
¡Sigamos peleando con todos, para conseguir todo!
¡ ¡ FELIZ AÑO NUEVO !
Diciembre de 2 mil 11
Querido, y admirado, Santiago:
Gracias por tu tarjeta y por todo lo que ella expresa.
Como no somos tus parientes, no somos tus clientes y no somos tus favorecedores, nos damos por incluídos en la categoría de tus amigos y compañeros.
Y eso nos llena de orgullo. Gracias.
Y MUCHAS GRACIAS por cada deseo, por cada invocación, por cada propuesta que nos hacés llegar.
Que todo se nos cumpla a todos como vos lo pedis, especialmente aquellas cosas que dependen de nosotros.
Y que cada día sean más las cosas que dependan de nosotros.
Que siempre estén con nosotros y en nosotros, la memoria, el amor, la sonrisa, el coraje.
Y si todo eso está con nosotros y en nosotros, también lo estará el futuro.
Porque con memoria, amor, sonrisa y coraje, habremos de construir NUESTRO FUTURO, EL FUTURO DE TODOS.
Para terminar:
Que sigamos, o volvamos, a ser un poco pendejos.
Que volvamos a creer que todo se puede mejorar y transformar si la peleamos todos, juntos.
Y que tengamos coraje para pelear con los amigos y los compañeros, cuando tengamos que discutir cuál es el camino o cuál es el momento.
Porque, después de pelear, cuando nos pongamos de acuerdo, habremos encontrado el camino y el momento para que TODOS consigamos TODO.
Para Santiago y para todos:
FELIZ AÑO NUEVO!!!.
Un gran abrazo
CAMBIO Y FUTURO EN EL AIRE
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Gerardo Abbruzzese
viernes 9 de diciembre de 2011
LA CRISIS EUROPEA
LA CRISIS
La crisis financiera mundial explicada de manera sencilla
Heidi es la propietaria de un bar en Berlín, que ha comprado con un préstamo bancario. Como es natural, quiere aumentar las ventas, y decide permitir que sus clientes, la mayoría de los cuales son alcohólicos desocupados, beban hoy y paguen otro día. Va anotando en un cuaderno todo lo que consumen cada uno de sus clientes. Esta es una manera como otra cualquiera de concederles préstamos.
Nota: Pero en realidad, no le entra en caja ningún dinero físico.
Muy pronto, gracias al boca a boca, el bar de Heidi se empieza a llenar de más clientes.
Como sus clientes no tienen que pagar al instante, Heidi decide aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y del vino, que son las bebidas que sus clientes consumen en mayor cantidad. El margen de beneficios aumenta vertiginosamente.
Nota: Pero en realidad, es un margen de beneficios virtual, ficticio; la caja sigue estando vacía de ingresos contantes.
Un empleado del banco más cercano, muy emprendedor, y que trabaja de director en la sección de servicio al cliente, se da cuenta de que las deudas de los clientes del bar son activos de alto valor, y decide aumentar la cantidad del préstamo a Heidi. El empleado del banco no ve ninguna razón para preocuparse, ya que el préstamo bancario tiene como base para su devolución las deudas de los clientes del bar.
Nota: ¿Vais pillando la dimensión del castillo de naipes?.
En las oficinas del banco los directivos convierten estos activos bancarios en "bebida-bonos", "alco-bonos" y "vomita-bonos" bancarios. Estos bonos pasan a comercializarse y a cambiar de manos en el mercado financiero internacional. Nadie comprende en realidad qué significan los nombres tan raros de esos bonos; tampoco entienden qué garantía tienen estos bonos, ni siquiera si tienen alguna garantía o no. Pero como los precios siguen subiendo constantemente, el valor de los bonos sube también constantemente.
Nota: El castillo de naipes crece y crece y no para de crecer, pero todo es un camelo; no hay detrás solidez monetaria que lo sustente. Todo son "bonos", es decir, papelitos que "representan" tener valor siempre y cuando el castillo de naipes se sostenga.
Sin embargo, aunque los precios siguen subiendo, un día un asesor de riesgos financieros que trabaja en el mismo banco (asesor al que, por cierto, despiden pronto a causa de su pesimismo) decide que ha llegado el momento de demandar a Heidi el pago de su préstamo bancario; y Heidi, a su vez, exige a sus clientes el pago de las deudas contraídas con el bar.
Pero, claro está, los clientes no pueden pagar las deudas.
Nota: ¡¡¡Porque siguen sin tener ni un céntimo!!! Han podido beber cada día en el bar porque "se comprometían" a pagar sus deudas, pero el dinero físico no existe.
Heidi no puede devolver sus préstamos bancarios y entra en bancarrota.
Nota: Y Heidi pierde el bar.
Los "bebida-bonos" y los "alco-bonos" sufren una caída de un 95% de su valor. Los "vomito-bonos" van ligeramente mejor, ya que sólo caen un 80%.
Las compañías que proveen al bar de Heidi, que le dieron largos plazos para los pagos y que también adquirieron bonos cuando su precio empezó a subir, se encuentran en una situación inédita. El proveedor de vinos entra en bancarrota, y el proveedor de cerveza tiene que vender el negocio a otra compañía de la competencia.
Nota: Porque los proveedores de vinos y cervezas también le fiaban a Heidi, creyendo que estaban seguros de que cobrarían con creces al cabo del tiempo. Como no han podido cobrar dado que el dinero no existe, la deuda de Heidi se los ha comido a ellos.
El gobierno interviene para salvar al banco, tras conversaciones entre el presidente del gobierno y los líderes de los otros partidos políticos.
Para poder financiar el rescate del banco, el gobierno introduce un nuevo impuesto muy elevado que pagarán... los abstemios.
Nota: Que es lo que de verdad ha pasado. Con los impuestos de los ciudadanos inocentes, los gobiernos han tapado el agujero financiero creado por la estupidez de los bancos.
¡Por fin! ¡Una explicación que entiendo!
gracias Ernesto!!!!
La crisis financiera mundial explicada de manera sencilla
Heidi es la propietaria de un bar en Berlín, que ha comprado con un préstamo bancario. Como es natural, quiere aumentar las ventas, y decide permitir que sus clientes, la mayoría de los cuales son alcohólicos desocupados, beban hoy y paguen otro día. Va anotando en un cuaderno todo lo que consumen cada uno de sus clientes. Esta es una manera como otra cualquiera de concederles préstamos.
Nota: Pero en realidad, no le entra en caja ningún dinero físico.
Muy pronto, gracias al boca a boca, el bar de Heidi se empieza a llenar de más clientes.
Como sus clientes no tienen que pagar al instante, Heidi decide aumentar los beneficios subiendo el precio de la cerveza y del vino, que son las bebidas que sus clientes consumen en mayor cantidad. El margen de beneficios aumenta vertiginosamente.
Nota: Pero en realidad, es un margen de beneficios virtual, ficticio; la caja sigue estando vacía de ingresos contantes.
Un empleado del banco más cercano, muy emprendedor, y que trabaja de director en la sección de servicio al cliente, se da cuenta de que las deudas de los clientes del bar son activos de alto valor, y decide aumentar la cantidad del préstamo a Heidi. El empleado del banco no ve ninguna razón para preocuparse, ya que el préstamo bancario tiene como base para su devolución las deudas de los clientes del bar.
Nota: ¿Vais pillando la dimensión del castillo de naipes?.
En las oficinas del banco los directivos convierten estos activos bancarios en "bebida-bonos", "alco-bonos" y "vomita-bonos" bancarios. Estos bonos pasan a comercializarse y a cambiar de manos en el mercado financiero internacional. Nadie comprende en realidad qué significan los nombres tan raros de esos bonos; tampoco entienden qué garantía tienen estos bonos, ni siquiera si tienen alguna garantía o no. Pero como los precios siguen subiendo constantemente, el valor de los bonos sube también constantemente.
Nota: El castillo de naipes crece y crece y no para de crecer, pero todo es un camelo; no hay detrás solidez monetaria que lo sustente. Todo son "bonos", es decir, papelitos que "representan" tener valor siempre y cuando el castillo de naipes se sostenga.
Sin embargo, aunque los precios siguen subiendo, un día un asesor de riesgos financieros que trabaja en el mismo banco (asesor al que, por cierto, despiden pronto a causa de su pesimismo) decide que ha llegado el momento de demandar a Heidi el pago de su préstamo bancario; y Heidi, a su vez, exige a sus clientes el pago de las deudas contraídas con el bar.
Pero, claro está, los clientes no pueden pagar las deudas.
Nota: ¡¡¡Porque siguen sin tener ni un céntimo!!! Han podido beber cada día en el bar porque "se comprometían" a pagar sus deudas, pero el dinero físico no existe.
Heidi no puede devolver sus préstamos bancarios y entra en bancarrota.
Nota: Y Heidi pierde el bar.
Los "bebida-bonos" y los "alco-bonos" sufren una caída de un 95% de su valor. Los "vomito-bonos" van ligeramente mejor, ya que sólo caen un 80%.
Las compañías que proveen al bar de Heidi, que le dieron largos plazos para los pagos y que también adquirieron bonos cuando su precio empezó a subir, se encuentran en una situación inédita. El proveedor de vinos entra en bancarrota, y el proveedor de cerveza tiene que vender el negocio a otra compañía de la competencia.
Nota: Porque los proveedores de vinos y cervezas también le fiaban a Heidi, creyendo que estaban seguros de que cobrarían con creces al cabo del tiempo. Como no han podido cobrar dado que el dinero no existe, la deuda de Heidi se los ha comido a ellos.
El gobierno interviene para salvar al banco, tras conversaciones entre el presidente del gobierno y los líderes de los otros partidos políticos.
Para poder financiar el rescate del banco, el gobierno introduce un nuevo impuesto muy elevado que pagarán... los abstemios.
Nota: Que es lo que de verdad ha pasado. Con los impuestos de los ciudadanos inocentes, los gobiernos han tapado el agujero financiero creado por la estupidez de los bancos.
¡Por fin! ¡Una explicación que entiendo!
gracias Ernesto!!!!
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Gerardo Abbruzzese
viernes 2 de diciembre de 2011
GENIALIDAD
Inteligencia...
Cuentan que, en la Edad Media , un hombre fue injustamente acusado de asesinar a una mujer.
En realidad, el verdadero autor era una persona influyente y por eso buscaron a un "chivo expiatorio" para encubrir al verdadero culpable.
El hombre fue llevado a juicio, conociendo que tendría poca oportunidad de escapar al veredicto: ¡ LA HORCA !
El Juez, también cómplice, cuidó de que pareciera un juicio justo y le dijo al acusado:
- "Conociendo tu fama de hombre devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Él tu destino.
Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tu escogerás uno de ellos y será la mano de Dios la que decida tu destino"
Por supuesto, el juez corrupto había preparado dos papeles con la misma leyenda:
"CULPABLE"
Y la pobre víctima se dio cuenta que era una trampa.
No había escapatoria.
El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados.
¿Qué piensas que hizo?
¿Tú qué harías? ¿Intentar huir? ¿Resignarte a ese fatal destino?
No sigas bajando para ver qué hizo él, y piénsalo un momento.
Cuentan que, en la Edad Media , un hombre fue injustamente acusado de asesinar a una mujer.
En realidad, el verdadero autor era una persona influyente y por eso buscaron a un "chivo expiatorio" para encubrir al verdadero culpable.
El hombre fue llevado a juicio, conociendo que tendría poca oportunidad de escapar al veredicto: ¡ LA HORCA !
El Juez, también cómplice, cuidó de que pareciera un juicio justo y le dijo al acusado:
- "Conociendo tu fama de hombre devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Él tu destino.
Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tu escogerás uno de ellos y será la mano de Dios la que decida tu destino"
Por supuesto, el juez corrupto había preparado dos papeles con la misma leyenda:
"CULPABLE"
Y la pobre víctima se dio cuenta que era una trampa.
No había escapatoria.
El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados.
¿Qué piensas que hizo?
¿Tú qué harías? ¿Intentar huir? ¿Resignarte a ese fatal destino?
No sigas bajando para ver qué hizo él, y piénsalo un momento.
?
?
?
pensaaaa
?
?
?
?
?
?
?
¿Encontraste una solución?
?
?
?
?
si, Seguro se te ocurrio algo
El hombre inspiró profundamente,
quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, pensando,
y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse,
abrió los ojos y con una extraña sonrisa,
escogió y agarró uno de los papeles y,
llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.
Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon airadamente.
- "Pero... ¿qué hizo?... ¿Y ahora?... ¿Cómo vamos a saber el veredicto?"-
- "Es muy sencillo"- respondió el acusado.- "Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos qué decía el que yo escogí"
Con rezongos y disgustos mal disimulados, tuvieron que liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo.
*Moraleja*:
Por más difícil que se nos presente una situación, nunca dejemos de buscar la salida ni de luchar hasta el último momento.
¡¡¡ SÉ CREATIVO !!!
CUANDO TODO PAREZCA PERDIDO, USA LA IMAGINACIÓN.
En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento.
?
?
AHORA Baja
y mira qué es lo que hizo aquel hombre inteligente:
El hombre inspiró profundamente,
quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, pensando,
y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse,
abrió los ojos y con una extraña sonrisa,
escogió y agarró uno de los papeles y,
llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.
Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon airadamente.
- "Pero... ¿qué hizo?... ¿Y ahora?... ¿Cómo vamos a saber el veredicto?"-
- "Es muy sencillo"- respondió el acusado.- "Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos qué decía el que yo escogí"
Con rezongos y disgustos mal disimulados, tuvieron que liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo.
*Moraleja*:
Por más difícil que se nos presente una situación, nunca dejemos de buscar la salida ni de luchar hasta el último momento.
¡¡¡ SÉ CREATIVO !!!
CUANDO TODO PAREZCA PERDIDO, USA LA IMAGINACIÓN.
En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento.
Albert Einstein
sábado 19 de noviembre de 2011
EL FUTBOL LLORA CON DIEGO
Falleció la madre de Maradona
Dalma Salvadora Franco, más conocida como `Doña Tota`, madre de Diego Maradona, falleció esta tarde a los 81 años, como consecuencia de una afección cardíaca.

La mujer que dio a luz al astro del fútbol mundial había sido internada anoche en la Clínica Los Arcos, a raíz de diversas complicaciones en su cuadro de salud. Y esta tarde murió en el apuntado centro asistencial de la zona de Palermo, de acuerdo a lo confirmado por el doctor de la familia, Alfredo Cahe.
El propio Diego, de acuerdo a lo revelado por el sitio de internet del club de Emiratos Arabes Unidos, Al Wasl, equipo al que dirige desde principios del semestre, se encontraba volando desde Dubai, cuando se produjo el deceso.
"Maradona vuela hacia la Argentina para acompañar a su madre que ha sido internada en condición crítica, en coma. Nuestro acompañamiento en esta difícil situación", rezaba el texto publicado en la página de la entidad asiática.
La madre de Diego ya había sufrido una grave crisis cardiorrespiratoria en agosto pasado, cuando también fue internada en el sanatorio Los Arcos.
Aunque en julio pasado, la señora Franco también había permanecido más de una semana en terapia intensiva por inconvenientes pulmonares, a causa de una neumonía que la atacó.
Como consecuencia del deceso de `Doña Tota`, en el entretiempo del partido entre Independiente y Olimpo de Bahía Blanca, se dio un hecho inédito.
A pesar de que, oficialmente, AFA no lo había autorizado, el árbitro Mauro Vigliano procedió a otorgar el minuto de silencio de rigor en estos casos, antes de la reanudación de la segunda parte.
Lueve en Buenos Aires.
El fútbol llora con vos Diego.
Y todos los que amamos el fútbol te acompañamos.
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